Sony Ericsson, mi primer móvil

Mi primer y legendario móvil.

Hoy estoy melancólico y quiero compartir con vosotros el que fue mi primer móvil. Corría el año 99 y decidí comprar un teléfono. Con mis 20 años ya estaba medio independizado y ya no era plan de que mis padres me siguieran dejando móviles que por trabajo tenían a su disposición. Si habéis hecho cálculos…, si, tengo 38 años recién cumplidos. La verdad es que no recuerdo que teléfono tuve antes que ese, pero al ser prestado, no tiene el mismo valor. El Sony Ericsson a día de hoy puedo decir que fue mi primer teléfono. Lo recuerdo como si fuera ayer, incluso la compañía con la que tuve ese terminal.

Era Airtel (Vodafone) y lo compré con una promoción que me salía bien de precio ya que me daban muchos minutos que compensaban el coste del terminal. Recuerdo hasta el numero, 6666xx166. Quito los números del medio porque hoy he llamado para saber que era de mi antiguo numero y lo tiene otro usuario. Recuerdo perfectamente la tienda y todos las cajas que me sacaron, donde podía ver el numero que tenían. Es mas, compramos tres, sus números también los recuerdo. 6666xx116 y 6666xx126. Eran correlativos, con lo cual al quedarse uno mi madre y otro mi mejor amigo, era fácil recordar los números.

Un terminal con unas características muy curiosas.

En esa época los teléfonos que habían eran bastante feos y pesado. El Sony Ericsson T10 supuso un cambio importante. Era la segunda generación de telefonía (2g). Con un peso de 135 gramos se convertía en un teléfono muy ligero. Curioso, hoy andamos en esos pesos, pero con la diferencia que lo que ocupaba todo el teléfono de diámetro, es más pequeño que lo que ocupa nuestras pantallas. La pantalla del Sony Ericsson T10 era monocromática. Una linea donde aparecían los números y los mensajes de texto que aparecían por la derecha y se escondían por la izquierda. Tenía vibración, tonos de llamadas y un compositor de melodías. Lógicamente se podían enviar SMS, tenía reloj y alarma pero no se podían poner juegos.

El compositor de melodías, el apoteosis.

Recuerdo con especial nostalgia el compositor de melodías del Sony Ericsson T10. Era una pasada (para la época). Siempre he sido muy de música, y me acuerdo que me podía tirar horas haciendo melodías que luego usaba de tono de llamada. Que pasada. Me sabe mal que las nuevas generaciones no hayan crecido con esa base. Fue algo tan bonito, que me fastidia saber que los mas jóvenes nunca van a poder valorar lo que vivimos. Los cambios que hemos visto y a donde nos ha llevado. Lejos han quedado cosas como ese compositor de música y como quedabas con los amigos a componer. También parece que fue hace un mundo cuando comprábamos politonos que llegaron después de los tonos.

Poco me duró el Sony Ericsson T10, Nokia entró fuerte.

Un año aproximadamente me duró el teléfono. Mi inquietud por la tecnología, el dominio brutal de Nokia en el sector me nublaron. Por aquellos entonces me podía permitir cambiar de teléfono de forma habitual y ni corto ni perezoso lo hice. Mis dos opciones eran el Sony Ericsson T28, una buena evolución del mío, o el Nokia 3310. Estaba contento con Sony Ericsson, pero la evolución era mas potencia, mas duración de batería y dos lineas de comandos en vez de una. Por su parte Nokia me ofrecía un sinfín de posibilidades. Un sistema operativo mas potente, juegos, y en definitiva, un montón de opciones. Al final me compré el Nokia 3310 y a partir de ese momento, le fui fiel a la compañía hasta que Android se los llevó por delante.

Nokia era el rey porque eran los mejores.

Si no recordáis el porque Nokia vendía tanto, es simple. Nadie ofrecía lo que ellos. Pantallas grandes, duración de batería, carcasas intercambiables, juegos… ¿Quien no recuerda el mítico Snake? Ese juego era brutal. Una tontería de linea que se hacia grande y que si la tocabas se acababa la partida. No hemos pasado horas con ese absurdo juego. Nokia era especial. Por eso es por lo que estoy tan dolido con esa compañía. Nokia podría seguir siendo igual de grande. Podría seguir dominando el negocio de los teléfonos, pero decidió suicidarse. El guante lo recogió sabiamente Samsung y ya sabemos donde está una y la otra.

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