Aquellos maravillosos años, el disquete

 

La mejor época de mi vida.

Soy de los 70. Vale, concretamente del 79 y por eso me siento directamente relacionado con la época de los 80. Creo que soy un privilegiado como muchos de vosotros que tengáis edades similares a la mía porque hemos vivido y sentido una etapa de la tecnología que nunca más se va a repetir. Hemos vivido los comienzos de todo y en estos artículos de “aquellos maravillosos años” vamos a intentar rendir homenaje a ciertas cosas que nos han acompañado a lo largo de nuestra vida. Contaremos curiosidades de ellas y en definitiva, recordaremos con alegría y añoranza una época que personalmente encuentro mucho a faltar. Empezaremos con el disquete. No voy a seguir una cronología lógica, simplemente voy a ir soltando temas que me vayan surgiendo y el disquete ha sido uno que he visto en algún medio y me ha dado por empezar por allí.

 

Vida limitada y poca capacidad.

Si tengo que recordar algo de ellos es precisamente esas dos cosas. La vida era limitada porque era vulnerable a los campos magnéticos externos. Aparte tenían una pestaña móvil que dejaba al aire la parte de escritura que era sensible a romperse al tener una especie de muelle. Cierto es que sin esa parte metálica el disquete seguía funcionando, pero todavía era más sensible a los campos magnéticos. Los disquetes empezaron hace unos 30 años y en el 2000, cuando definitivamente se acabaron con ellos, tenían una capacidad de 240mb.

Parece que es una eternidad, pero hace apenas 18 años que los liquidamos, tampoco es tanto. El principal responsable de su desaparición fue el CD que tenía unas capacidades muy superiores en un formato más agradable. Dejo un poco de lado el otro disquete, el de 5 y cuarto, y la verdad, no sé porque lo hago. Quizás no lo he vivido tan intensamente (pese a usarlos) o quizás creo recordar que no tuvieron tanta importancia o mi mente así me lo transmite.

 

Tipos de disquetes.

Como digo estoy dejando de lado los de 5 y cuarto y todavía más atrás, los de 8. Recuerdo haberlos tenido todos, aunque los de 8 quizás los he tenido por alguna vieja computadora de casa o porque mi mente lo recuerda de algún sitio. Lo que sí que tengo claro es que los de 5 y 3 los he vivido. La diferencia entre los de 8 y 5 era básicamente el tamaño. Los de 5 eran ya mucho más pequeños y muy finos respecto a los de 3. Con los de tres recuerdo como si fuera ayer la de dolores de cabeza que me daban cuando estaba la pestaña de bloqueo que no te permitía escribir nada en ellos y que había veces que no lo recordaba y me volvía loco intentando grabar cosas en ellos. Que tiempos.

 

Juegos que nos parecían normales.

No recuerdo cual era exactamente. Quizás era el Alone in de dark o alguno similar. Lo que sí que recuerdo es que alguno de esos juegos, ya en disquete de 3 y cuarto, tenía un volumen para la época desorbitado. Recuerdo que eran cinco disquetes lo que me parecía algo normal en la época. Estar jugando y que te pidiera el segundo o tercer disco era algo habitual y que no lo tomaba como extraño. A día de hoy eso es impensable, y menos si tenemos en cuenta que el volumen de esos cinco discos quizás eran unos 15 megas o algo así. Desde luego en tema capacidades ha llovido muchísimo. Recordemos que en la época dorada de los disquetes, es decir, cuando ya habían sufrido varias evoluciones de capacidad, llegaron a los 2.88mb, una cifra que a día de hoy es de chiste.

 

El disquete, ¿hemos mejorado o no?

Obviamente hemos mejorado y mucho. El disquete fue un buen sistema de almacenamiento, pero con los años las capacidades demandadas eran muy superiores y el CD llegó para cubrir esas necesidades. Los formatos de compresión (ZIP) ayudaron a que su vida se alargase mucho más de lo que le hubiera tocado, y decir que oficialmente quedó descatalogado en el 2000, es decir mucho. Estamos en el 18, con lo cual, son muy pocos años los que hace que lo abandonamos definitivamente. Siempre nos quedará en el recuerdo como el más importante sistema de almacenamiento, por tiempo y simpatía.

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